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Personajes: Don Nino


Por Gerardo A. Pérez Obando (GAPO)

LA VOZ DE GOICOECHEA.- Su nombre era Claudino Tenorio Jiménez. Un 5 de febrero de 1919 vino al mundo en San Rafael de Coronado iniciando desde temprano su lucha contra la fatalidad. Con los años heredaría la robustez y aguante de su padre, pero recordaría tristezas de la vida a causa de la belleza de su madre. En ese tiempo la corpulencia y fortaleza era requisito indispensable para subsistir en el incipiente mercado agro laboral. Imperaba la ley del más fuerte.

Nino tenía cinco años cuando su papá una tarde atravesando un río observó que la carreta, pese al esfuerzo de los bueyes, quedó atascada entre las piedras. Para agilizar la salida, levantó la rueda atorada que con esfuerzo sobrehumano logró liberar. Al llegar a casa, sintió un fuerte dolor en el estómago que a pocos días le dejó huérfano.

Tuvo que elegir entre dos tíos que le ofrecían protección. La primera escogencia no fue la mejor debido a abusos inmediatos que obligaban a levantarse a la una de la madrugada para preparar y ordeñar vacas entre otras obligaciones.

Al enterarse de las arbitrariedades el otro pariente se hizo cargo de él con mejoría de condiciones. A partir de ese momento con lo que estaba a su alcance Nino se convirtió en el motor del hogar. Por otro lado, la beldad de su madre la llevaría a casarse en varias ocasiones.

A los catorce años un brote de gripe y rubeola envió a Nino al hospital San Juan de Dios quien pese a las circunstancias y producto de su madurez prematura convirtió la estancia de tres meses en una de sus mejores épocas de mocedad.

Su rostro se llenó de alegría al observar a las Hermanas de la Caridad ingresar al pabellón y enterarse que estaban a cargo del nosocomio. Sintió que su júbilo era compartido por las monjas por la forma en que sonreían y hacían preguntas de su procedencia y bienestar. Observó la rutina efectuada a cada paciente haciendo ciertas preguntas por dos jornadas. El tercer día encontraron anotadas en los registros la lectura de las temperaturas, pacientes y sala aseada con lo que fue ganando aprecio y cariño del personal médico y administrativo.

Antes de su salida recibió por parte de la administración la propuesta de quedarse. Le costearían la preparación, pero comprendieron y respetaron el compromiso que sentía con su madre a la cual rescataría tres años después, junto a sus hermanos, del hogar en llamas a manos del último esposo.

Un conocido le invitó a ingresar a la fuerza policial donde desempeñó los primeros dos años en Orotina de Alajuela. Ocho años después se alejó del cuerpo de seguridad.

En 1939 la iglesia de San Isidro de Coronado fue el marco para el matrimonio con Cristina Solano Blanco, su amor eterno.

Don Nino fue un referente del barrio Los Ángeles de Ipís de Goicoechea. Pioneros en la calle de la antigua pulpería “Y griega”. Su casa aún se erige detrás de la escuela de la jurisdicción.

Su instinto de progreso lo llevó a presidir actividades para consolidar la escuela de primaria e iglesia católica. Fue miembro de la Junta de Educación del centro educativo por varios años y del templo, cuyo nombre inicial fue Parroquia Cristo Resucitado, Sacristán y Tesorero. Hizo química con el sacerdote estadounidense Terencio Pescatore Napolitano bajo la orden de los Frailes Menores Conventuales.

Fue líder y promotor de los festejos patronales que se desarrollaban en la plaza de futbol de la colonia Rodrigo Facio Brenes o alrededores del templo y por el peligro latente era el coordinador de la pólvora a utilizar. Enterraba los carrizos y encendía la mecha que enunciaban el inicio y final de las fiestas en la comarca.

Don Nino tuvo varios amores: su esposa, familia, comunidad y la tierra…decía a sus familiares que en la tierra siempre había encontrado la forma para salir adelante.

Su amor al sembradío lo llevó a adquirir un terreno cercano donde plantó tomate, vainica, chayote, rábano, tacaco, culantro, apio, chile dulce al cual dedicaba todas mañanas combinando obligaciones por más de cuarenta años.

Tenía 61 años cuando doña Cristina, su amada esposa, acudió al llamado celestial.

Para 1988 la expansión urbanística comenzó a atentar contra su verde reinado el cual tuvo que abandonar después de varios años de lucha infructuosa renunciando a lo que más apreciaba.

Un bono de vivienda gubernamental sin ninguna planificación desbarató su sueño.

Nunca sospechó que la espuma de la resaca habitacional cada vez más colindante fuese el comienzo del fin después de cuatro décadas de vivencia natural. 

Sintio el golpe bajo del destino, pero no recriminó. Siempre había triunfado y aceptó la situación como la decisión divina para el momento del descanso.

En el 2005 el uso prolongado de agroquímicos se combinó con la suma de años comenzando a minar y disminuir su vigor deteriorando su fortaleza.

El fulgor de su mirada lentamente se fue extinguiendo y los últimos siete años los vivió rodeado de sus hijas y su nieta Martha Tenorio quien con celo había archivado en su mente las gratas memorias en espera de una ocasión para compartirlas.

El 2013, un 18 de marzo a 94 años se reencontró con doña Cristina.

¡Gracias don Nino!

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2 Comentarios

  1. Excelente la crónica de don Gerardo Pérez sobre don Niño. Personaje inolvidable de la comunidad.
    Lamentablemente el desorden urbanístico, que aún persiste, en Goicoechea, dio al traste con el tomatal de don Nino.

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  2. Gracias Patricia, completamente de acuerdo. La historia de don Nino debería ser una enseñanza de lo que no se debe hacer en los gobiernos locales, gracias por tu comentario

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